SIEMPRE LIBRE EL CASTILLO DE LOS GLITTERS Y GIFS ANIMADOS
¡¡¡¡¡¡Bienvenid@s a nuestro castillo!!!!!!
Para poder ver todo el contenido del foro deberás registrarte y presentarte en la sala capitular.
Entra y participa!! te estamos esperando para junt@s pasar un agradable momento.

Las imágenes y materiales expuestos en el foro son de la red. Si por alguna razón alguna no cumpliera las normas o no debería estar aquí, por favor avísenme para darle el crédito o retirarla si el caso lo requiere, Gracias.



TRADUCTOR
English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Octubre 2017
LunMarMiérJueVieSábDom
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031     

Calendario Calendario

Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Últimos temas
» Canasta Saludable con Frase
Lun 16 Oct 2017, 13:27 por ana maria

» Bailarina con Tutú Celeste
Lun 16 Oct 2017, 13:13 por ana maria

» Flores de Irupé
Dom 15 Oct 2017, 13:44 por ana maria

» Flores con Frase
Vie 13 Oct 2017, 21:59 por ana maria

» Morocho con Fondo Gris y Frase
Miér 11 Oct 2017, 23:18 por ana maria

» Mi Vida con Tronco y Frase
Dom 08 Oct 2017, 09:41 por ana maria

» Amarillo con Moño y Frase
Dom 08 Oct 2017, 09:06 por ana maria

» Richard Gere , con Frase
Jue 28 Sep 2017, 18:32 por ana maria

» Vicente, mi Amigo Fiel
Jue 21 Sep 2017, 12:16 por ana maria

» Mis Saludos Diarios
Dom 17 Sep 2017, 15:31 por Patito 58

Los posteadores más activos del mes
Anuky
 
eli
 
Patito 58
 
Selina
 
ana maria
 
adeur2
 
Mayka0011
 
Abril
 



reflexiones de Liana Castello

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:29


SEGUN PASAN LOS AÑOS

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Hay un momento en la vida, en el que nos encontramos en el medio de dos realidades absolutamente diferentes, y ambas requieren nuestra comprensión y, por sobre todas las cosas, nuestro amor: nuestros hijos adolescentes y su problemática, muchas veces, difícil de acompañar; y nuestros padres ya mayores y que también necesitan nuestro cuidado y comprensión.

No siempre es fácil adaptarse a los cambios que enfrentamos nosotros mismos, incluso cuando los que sufren esos cambios son las personas que nos rodean. Nuestros hijos van convirtiéndose, de a poco, en adultos, y nuestros padres en ancianos.

El modo de tratarlos ya no es el mismo. A nuestros hijos, debemos concederles más libertad, responsabilidades, enseñarles a hacerse cargo de sus decisiones y, respecto de nuestros padres, ahora nos toca a nosotros atenderlos a ellos. Los roles se han invertido, y –si esto fuese posible– deberíamos devolverles todo lo que ellos nos han entregado.

Hay que aprender otro idioma con nuestros hijos, otra forma de comunicarnos, divertirnos y buscar nuevos espacios que podamos compartir. Algo similar sucede con nuestros padres.

Es hora de asumir que tenemos que –de una manera muy sutil y no definitiva– soltar las manos de nuestros hijos, y que nuestros padres precisan, más que nunca, que los tomemos fuerte de la mano.

Por un lado, todo lo nuevo: música que no nos termina de convencer, formas de hablar diferentes, horarios inusuales, modas que nos resultan ajenas; y, por el otro, toda la historia, los recuerdos que cobran una magnitud que hasta hace poco no tenían.

No concebimos por qué nuestros padres se apegan a cosas materiales, tales como ropa, elementos de la casa, muebles que consideramos viejos, y, aun ofreciéndoles regalarles cosas nuevas, ellos no aceptan. ¿Por qué usan esa prenda que lleva más de veinte años y no han estrenado la que les obsequiamos en su cumpleaños? ¿Por qué si un mueble no está en buenas condiciones o la televisión no se ve con claridad, no quieren que los reemplacemos por otros? Si nos proponemos hacer el ejercicio de cruzarnos de vereda, podremos darnos cuenta de que, a cierta edad, las cosas portan historia e identidad propia. Estoy segura de que ellos sienten que, con esa prenda que los acompaña hace tanto tiempo, se aferran a la vida. Creo que conservar sus pertenencias, por deterioradas o viejas que estén, les brinda seguridad.

Otra realidad es la de nuestros hijos, que parecería que a nada se aferran, que lo que hoy sirve, mañana es obsoleto, que lo que, en este momento, es vital, mañana pasa a ser nimio.

En el medio, nosotros. Mirando una vereda y la otra; mientras tanto, viviendo nuestra propia realidad y todo lo que eso acarrea. Unos comienzan a vivir una vida plena, los otros van alcanzando el final del camino.

Unos comienzan a demandar un poco menos de nosotros, y quienes fueron nuestro respaldo, empiezan a pedir que nosotros seamos el de ellos. ¿Qué mejor que acompañar a nuestros padres a transitar el trayecto que les resta? ¿Qué mejor que contener a nuestros hijos en su proceso de crecimiento?

La vida tiene muchos caminos, no siempre son los mismos, no siempre vamos en la misma dirección, ni estamos parados en el mismo lugar. Hoy, tal vez, nos encontramos entre dos veredas opuestas, sonriámosle al desafío. Tratemos que permanecer en el medio no nos parta en dos, sino que nos multiplique y que podamos ser, para nuestros padres y nuestros hijos, un verdadero referente de amor.
AUTOR:  LIANA CASTELLO


avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:31



PINCELADAS DE AYER , COLORES DE HOY

A cierta altura de la vida, nuestros amigos y compañeros de colegio son, diría, indispensables. Con ellos, hemos crecido, nos hemos educado, hemos compartido infinitas vivencias. Cuando la escolaridad se termina, el vacío es grande, y la promesa de no separarnos, sincera.

Sin embargo, la vida, muchas veces, nos lleva por caminos diferentes. De repente, somos adultos, tenemos una familia, una profesión, una vida en la cual nuestros compañeros empiezan a ser un recuerdo.

La época de escuela se nos hace lejana, comenzamos a no recordar bien ciertas caras, nombres, como si todo ese mundo que, en un momento, fue más que valioso, perdiese nitidez y fuerza en nuestra memoria. Es que hemos corrido a un costadito esa parte de nuestra vida y seguimos adelante.

¿Y si tenemos la suerte de que nos sorprenda un reencuentro? Hoy, no es difícil. Tenemos a nuestro alcance todo tipo de redes sociales que nos ayudan a recuperar un poco de nuestro pasado.

Si esto ocurre, si a la vuelta de una esquina encontramos a alguien de ese entonces, ese alguien probablemente encuentre a otros, y, así, un día, terminemos tomando un café.

A simple vista, tal vez, notemos cambios, pues el tiempo ha pasado, y puede ser que cueste reconocer ciertos rostros, pero ésta es sólo la primera sensación.

En el verdadero encuentro, ese que se da sólo con el alma, nos damos cuenta de que esa persona que tenemos enfrente, quizá con otro color de cabello y otra apariencia, fue nuestro compañero. Nos acordamos de su risa, su modo de hablar, la mirada no ha cambiado, se reaviva el cariño, y el ayer deja su color pálido para cobrar un brillo que nos ilumina el corazón.

Sabemos que no somos exactamente las mismas personas, pero sabemos también que lo esencial se mantiene intacto. Esa persona adulta, con su vida a cuestas, sus luces y sus sombras, conserva el mismo destello de antes.

Las diferencias que pudimos haber tenido en la época de escuela desaparecen, y hasta podemos descubrir una persona que jamás imaginamos y que ahora habla nuestro mismo idioma.

Entre anécdotas y recuerdos, crece nuevamente el afecto, que jamás se perdió, al que sólo corrimos a un costadito. El pasado y el presente se entremezclan de una hermosa manera.

Nos enriquecemos con las experiencias de cada uno, nos sorprendemos, nos identificamos, nos admiramos, nos conmovemos, pero, por sobre todas las cosas, nos reencontramos.

Un reencuentro, en el sentido más profundo de la palabra, es una maravilla. Un reencuentro es algo parecido a un milagro. El tiempo pierde su vigencia, la apariencia física es sólo un mero detalle, el ayer vuelve a ser hoy. Volvemos a tener 16 años, aunque más no sea por un ratito, pero con la sabiduría de la adultez.

Así, entre el ayer y el hoy, entre la distancia y la cercanía, el desencuentro y el reencuentro, constatamos −una vez más− que quien ocupó un lugar en nuestro corazón, allí sigue estando y estará por siempre.

AUTOR: LIANA CASTELLO
avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:33


PEQUEÑOS PERMISOS QUE PODEMOS PERMITIRNOS

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

La vida depara un montón de obligaciones, y no está mal que así sea. Cumplir con el trabajo, ocuparse de la casa y los hijos. Levantarnos y acostarnos todos los días a la misma hora. Gracias a éstas y otras rutinas diarias, podemos mantener un orden y llevar a cabo nuestras  pequeñas y grandes actividades.

Sin embargo, de vez en cuando, todos necesitamos un “recreo”. No me refiero a salir a pasear un fin de semana o tomarnos unas vacaciones, sino darnos una especie de “permiso” que salpique nuestra cotidianeidad con una chispa luminosa.

¿Cuántas veces podríamos quedarnos un ratito más en la cama y no lo hacemos? ¿Cuántas noches dejamos de ver una película que nos gusta porque, al día siguiente, debemos levantarnos temprano? No siempre tenemos ganas de cocinar, por ejemplo, no siempre tenemos ganas de realizar, exactamente, las cosas que sabemos que debemos hacer.

Creo que, en la medida de lo posible, si, algún que otro día, nos permitiésemos un recreito, nos sentiríamos mejor. No se trata de no alimentar a nuestros hijos o de faltar al trabajo, sino quizá de pequeños mimos que podríamos regalarnos sin hacerle mal a nadie y sin alterar el orden de las cosas.

En toda dieta para adelgazar, existen “los permitidos”, un chocolate, un pequeña porción de helado o pizza, alimentos que no forman parte de los requisitos para adelgazar, pero que hacen que no nos cueste tanto seguirla y que nos brindan, además, un momento de mucho placer.

¿Qué pasa si, un día, no tomamos el colectivo lleno y regresamos, si la distancia no es muy larga, caminando a casa? Seguramente, tardaremos más, y deberán esperarnos más de lo habitual, pero, tal vez, habremos descubierto que puede ser hermoso caminar un día de semana por la ciudad.

¿Qué ocurriría si, una noche, decidimos ver esa película que trasmiten un poco tarde y dormimos dos horitas menos? Aunque algo de sueño tendremos al día siguiente, habremos pasado una noche diferente.

¿Y si, un día, compramos esa revista que nos encanta, pero que no entra en el presupuesto diario? ¿Se resentirá mucho nuestra economía?

¿Si, una mañana, nos quedamos en la cama un ratito más, leyendo un libro o simplemente sin hacer nada, sólo descansando bajo la tibieza de las mantas?

No está mal mimarnos cada tanto. Así como una mamá mima a su hijo con una golosina, una noche en la cama de papá y mamá… ¿por qué no hacer lo mismo con nosotros mismos?

Hagan la prueba, regálense un permitido, un chocolate, una siesta, una película, una velada más extensa, verán que se habrán enriquecido.

Ese recreo nos aportará aun más fuerza y más ganas de afrontar con alegría el día a día. Aunque sea “solo por hoy”, démonos un gusto, disfrutemos de lo distinto, hagamos lo que pocas veces se puede hacer, mañana será mejor todavía.
AUTOR:  LIANA CASTELLO
avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:36

PONER LA CULPA EN EL OTRO

La culpa es un sentimiento que duele, se siente feo en el cuerpo y en el alma. Tal vez por eso, los seres humanos tendemos muchas veces a poner la culpa y la responsabilidad en el otro.
Pareciera que siempre hay un factor externo humano o no, que es el responsable de nuestros propios errores y no siempre es así.

Es difícil enfrentar el error, el saber que nos equivocamos, que hemos sido nosotros y nadie más que nosotros los que hemos lastimado a alguien, ofendido, agredido, etc.

Como un mecanismo de defensa, uno tiende a pensar siempre que el otro tuvo la culpa de lo que pasó, que alguien o algo (quien o qué quiera que sea) es el responsable.

¿Por qué nos es tan difícil asumir nuestros propios errores? Se afirma que errar es humano, pero admitirlo y hacerse responsable de ello pareciera que no mucho.

Sería interesante pensar porqué nos cuesta tanto mirar hacia adentro y asumir la responsabilidad de un error.

Por más que duela, esto nos enriquecería más, porque sólo siendo conscientes de lo que uno ha hecho puede modificarlo.

¿No sería mejor hacerse cargo de un error y poder pedir perdón por ello? Estoy segura de que sí, el hecho de hacerse responsable de lo que uno ha hecho nos hace también más humildes. Pedir perdón no es rebajarse ante el otro, por el contrario, es un acto muy grande, muy digno, que reconforta tanto al que ha sido lastimado como al que ha lastimado.

Asumir una equivocación nos acerca al otro, es como asentirle:“aquí estoy, con mis errores y limitaciones, éste soy yo”. Si ponemos siempre la responsabilidad en los demás, es como estar en la vereda de enfrente. Hay que cruzar la calle del orgullo, hay que unir las distancias que nos marca la soberbia. Así y sólo así estaremos realmente junto a nuestro hermano.

Es una realidad que, en líneas generales, en el mundo que vivimos tendemos a pensar que la culpa (aunque suene fea la  palabra) es del otro.

Estimo que este fenómeno que se está dando tiene que ver también con una gran dificultad en asumir responsabilidades, del tenor que sean. Pareciera que en ese sentido, hemos involucionado y nos hemos vuelto más reticentes a enfrentar una responsabilidad.

Por ejemplo, de lo malo que ocurre en el país, la culpa siempre es del gobierno, cual si fuera algo extraño a nosotros. No se nos ocurre pensar que, viviendo en democracia, ese mismo gobierno ha sido elegido por nosotros (o la mayoría en rigor de la verdad). Más allá de que muchas veces es así, y los gobiernos no cumplen con sus promesas, sería bueno pensar qué partecita de esa responsabilidad nos atañe y lo que sería mejor aún, que parte, por pequeña que sea, podemos cambiar.

Si un niño tiene problemas en el colegio, nos es más fácil pensar que no tiene buenos maestros, que no le enseñan bien, que el sistema educativo es malo y tantas otras cosas. Y, más allá de que algunas cosas podrían cambiarse al respecto -es verdad- deberíamos pensar que el niño se forma primero en el seno familiar y de allí sale al mundo, con las armas que nosotros, como padres, le hemos dado.

Esta conducta también se ve en la faceta profesional o laboral. Repito, más allá de que realmente haya muchas cosas que cambiar en el país, que muchísimas personas no tengan condiciones de trabajo dignas y que no haya oportunidades para muchos, en algo, por pequeño que sea, podemos llegar a tener parte de responsabilidad y si logramos verlo, podremos cambiarlo.

Quejarnos de no ganar un sueldo digno, de no tener una realidad laboral como la que creemos merecer es una triste realidad en Argentina. Sin embargo, pienso que en algunos casos, podríamos preguntarnos qué hemos hecho nosotros para lograr llegar al objetivo que perseguimos. ¿Hemos luchado por ello o nos ha resultado más fácil quedarnos con lo que nos tocó y luego quejarnos?

En todos los aspectos de la vida, uno acierta y se equivoca. Somos humanos y así funcionamos. Opino que lo realmente importante es tener la suficiente apertura y humildad de corazón para empezar a ver nuestras propias falencias. Proponernos mirar un poco más hacia nuestro interior y no salir a buscar la responsabilidad por ahí. Es probable que de muchas cosas no seamos los artífices, pero de otras sí.

El orgullo y la soberbia no son buenos compañeros, no está mal aceptar que uno se equivocó; no es agachar la cabeza, por el contrario, es erguirla con el propósito de mejorar personalmente.

No se es mejor por no equivocarse, se es mejor haciéndose verdaderamente responsable del error y con la intención de cambiar.

Jesús nos enseño a ser humildes, esa humildad de corazón implica reconocerse cómo uno es: falible, débil, pero, ¿por qué no también, lo suficientemente fuerte para asumir los errores y pedir perdón si es necesario?

Intentémoslo, miremos un poquito más hacia nosotros y, nos daremos cuenta de que asumiendo las equivocaciones en primera instancia, tratando de capitalizar lo vivido y aprendiendo de los errores, creceremos mucho más de los que pensamos.

No estoy proponiendo tener una actitud culposa ante la vida, eso tampoco sirve ni enriquece, pero sí una actitud humilde y responsable.

Tratemos de hacernos cargo de nuestras cosas y ver primero qué parte de responsabilidad tenemos nosotros en aquello que nos molesta, incluso del otro, pensemos también qué actitudes generamos nosotros con nuestras conductas en las demás personas.

Considero que ése será un buen camino para crecer espiritualmente y acercarnos al otro.

En la verdadera humildad está la grandeza de espíritu.

AUTOR:  LIANA CASTELLO  (argentina)


Última edición por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:46, editado 1 vez
avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:39

LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON...

“Soñar no cuesta nada”. Sin embargo, para los adultos, no se aplica demasiado. No nos cobran por soñar (gracias a Dios, ¿no?), pero el costo no es económico precisamente. A los adultos nos cuesta soñar. Daría la impresión de que, a medida que la vida avanza inexorable, la capacidad de soñar se hace cada vez más pequeña y queda reducida al mundo infantil.

Cuando niños, soñábamos con lo que fuese y nada nos parecía imposible. Desde convertirnos en superhéroes, hasta tener una bicicleta voladora y, por qué no, llegar a ser rey. Todo podía pasar en nuestra mente infantil. Ya grandes, nos damos cuenta de que ser superhéroes se traduce en llegar a fin de mes sin problemas y que sobre algo de dinero, que las bicicletas circulan por las calles y no por el cielo, y que no hemos nacido en cuna de oro, por lo que mal podemos aspirar a un trono.

A pesar de ello, no deberíamos dejar de soñar, es un derecho que nos asiste a todos por igual, niños y adultos. Sin duda, los sueños de unos y otros no serán los mismos, no importa. Lo que sí importa es mantener una ilusión, imaginar algo que deseamos y luchar para que aquello que anhelamos se haga realidad.

Soñar es salir un poquito de la realidad, no escapar de ella, pero sí tomarse un pequeño relax. Seguramente, el imaginar algo que deseamos alcanzar provocará una sonrisa no sólo en  nuestro rostro, sino también en el alma.

La realidad no siempre es como queremos. La mayor parte de las veces, se presenta dura ante nosotros, pero eso no significa que no podamos soñar. ¿Quién dijo que un adulto no puede? ¿Dónde está escrito que es un derecho meramente infantil?

Soñar se parece a imponerse una meta, desear llegar a lograr algo, y lo bueno de eso es que ese sueño, esas ganas nos pueden dar la energía necesaria para trabajar por ello y conseguirlo. Lo más lindo de salir del pensamiento cotidiano para poner nuestra cabeza en otra cosa, quizá poco factible, pero muy deseada, es que nos conecta con lo lúdico, con la alegría y la inocencia de sostener un anhelo que no precisamente tiene que ver con nuestra realidad de todos los días.

Mejor aún es comprobar que muchos sueños se cumplen, seguramente no el de ser rey, pero sí tantos otros. Por los sueños hay que pelear, insistir y esforzarse. Resulta  saludable, diría, tener deseos, por dificultosos que parezcan. Los adultos estamos acostumbrados a “ir al resultado”, vale decir, no solemos invertir dinero, tiempo y esfuerzo en algo que no sabemos si se concretará. Debería ser todo lo contrario; y ése es el desafío, soñar a pesar de no saber. Imaginar, sin vislumbrar la menor seguridad de que podremos realizar aquello que tanto anhelamos. Elevar, de vez en cuando, nuestros pies de tierra firme y volar un ratito.  Es probable que ese vuelo nos conduzca al lugar donde lo que hemos imaginado es posible y, si no, habremos disfrutado ese viaje que, casi nunca, nos permitimos emprender.

AUTOR: LIANA CASTELLO (argentina)
avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:42



EL NEGOCIO DE LA VIDA
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Somos consumistas. Vivimos en un mundo donde ir de shopping es lo más común del mundo, ya no sólo es ir a comprar lo que se necesita, es un paseo en sí mismo. Imaginemos la vida, nuestra vida, como uno de esos bellos negocios que vemos en los shoppings o las calles, el más grande y surtido. ¿Qué actitud tendríamos cada uno de nosotros al entrar a ese negocio tan particular?

Imaginemos por un momento que la vida fuese un negocio, una tienda; ésa que todo lo tiene y que lo pone o no a nuestro alcance.

Imaginemos también que cada uno de nosotros es “el cliente”, quien elije qué lleva o no, con qué se va puesto o qué desecha. Quien tiene el poder de todo cliente: elegir, comprar, irse con las manos vacías, tentarse, controlarse.

Si por un momento pudiésemos jugar esta especie de juego, ¿qué sucedería?

La vida sería entonces, como una gran tienda, la más grande, la que todo lo tiene y lo ofrece. Claro, no todo los productos tienen el mismo valor, ni son de similar calidad, pero todo está allí expuesto, esperando ser comprado.

Y allí estamos nosotros, los que entramos al negocio o aquellos que sólo miran la vidriera, y no entran por temor a que no les alcance para lo que desean llevar, pero sin siquiera haberse aventurado a preguntar cuánto cuesta.

Esos, que se la pasan deseando, pero no se atreven  a probarse, no sea cosa que les quede chico o grande, feo, holgado; sin preguntarse tampoco ¿qué pasaría si aquello que van a buscar les quedase a la perfección?

Por otro lado, están los compradores compulsivos que parecen devorarse el negocio,  que ni siquiera preguntan el precio del artículo porque no les importa, lo llevarán igual. Todo lo compran, aunque no les siente del todo, aunque tampoco les haga falta.

Asimismo, están los que sí entran, pero que jamás pueden tomar una decisión y dudan, temen, no saben bien qué quieren o si lo que desean es adecuado para ellos.

Como en todo negocio nos encontramos con el vendedor.

El vendedor de la vida nos ofrece todo, pero no trata de convencernos de nada como, en general,  ocurre en los comercios comunes, acá el que decide qué es de mejor o peor calidad es el cliente, él y sólo él es el que toma o deja el riesgo.

Además, como en casi todos los negocios, hay ofertas, saldos, productos más costosos y, como se dice ahora, “packs” o paquetes de productos que vienen uno junto al otro, imposible llevarlos por separado.

Con estos últimos hay que tener especial cuidado, son algo…. peligrosos. Podemos encontrar por ejemplo, “ilusión/desazón”. Si uno decide llevar una  ilusión, es posible, no seguro, que la acompañe la desazón. Estos paquetes vienen ocultos a primera vista, es difícil saber si son un pack o un solo producto. También hay otros como “riesgo/fracaso”, quien decide tomar un gran riesgo, puede o no encontrar luego un fracaso.

Dependerá de nosotros tratar de elegir el producto correcto, el más adecuado para cada uno. Les digo más, este negocio tiene otra particularidad: ninguno de sus productos tienen garantía, el que entra y compra, conlleva un riesgo.

Pero, volvamos al vendedor. Existen opiniones encontradas acerca de él. Algunos lo aman, otros no, algunos dicen que existe y otros que es puro cuento.

Los que creen en su existencia, cuentan que cuando el vendedor ve ingresar al negocio de la vida un ser muy pequeñito, un bebé, le regala sus productos. Lo ve tan indefenso que se conmueve ante tal fragilidad, entonces le brinda todo lo que tiene, en la mayoría de los casos, sin pedirle nada a cambio.

Cuando se trata de un niñito un poco mayor, el vendedor espera que el niño hable, que pida lo que quiere, él no podrá adivinarlo y que con sus pasos cortos e inseguros se acerque a pedir lo que necesita, luego se lo da.

Aparentemente este buen … ¿“señor”? ...se pone más exigente a medida que su cliente va creciendo en edad. Algunas veces espera que quien pide, merezca lo que está pidiendo, otras da sin preguntar. No le gustan ni los temerosos, ni los compulsivos, pero atiende a todos por igual, con el mismo rigor.

No se sabe a ciencia cierta quién atiende en el negocio de la vida, pero seguro sabemos que todos somos sus clientes y no hay otro lugar dónde proveerse.

Lo que yo creo es que no existe tal vendedor, que esta tienda tan particular es lo que llamamos un “autoservicio”, todo está expuesto, lo costoso, lo barato, lo de mala y buena calidad, los paquetes del lleve dos pague uno.  Y ahí estamos nosotros, paraditos frente a cada estantería viendo la mercancía, decidiendo qué vamos a llevar, cuándo, de qué manera.

Asimismo, creo que aunque algunos no lo sepan o no lo quieran creer, jamás entramos solos a esta tienda, hay una presencia intangible que está allí, aconsejándonos, esperando ver qué elegimos, deseando fervientemente que nos decidamos sólo por las cosas que nos hacen bien. Aunque nos acompañe siempre, nunca nos dirá que hacer, nos dará libertad para elegir a nuestro gusto, para que crezcamos, aprendamos, también para que nos equivoquemos y volvamos a elegir.

Creo que vale la pena entrar a este negocio, hay tantas maravillas para llevar. Desechemos las ofertas, los saldos, llevemos lo que realmente nos haga bien a nosotros y a los que amamos y nunca olvidemos que, aunque intangible, nuestro acompañante jamás nos dejará solos y si nos hemos equivocado con el producto elegido, sin duda  nos ayudará a que la próxima vez, la elección sea la correcta, aquella que nos haga felices.        
AUTOR:  LIANA CASTELLO ( argentina )
avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:44

UNA ILUSION POSIBLE

Las ilusiones de los adultos: ¿Qué pasa con los sueños y las ilusiones de las personas adultas?, ¿por qué nos cuesta tanto darnos cuenta de que los sueños pueden estar más cerca de lo que nosotros mismos los colocamos? ¿Por qué no pensar en cómo vivir la maravilla de ilusionarnos como niños? El resultado será sorprendente, sin duda.

Cuando uno es niño, todo nos ilusiona: un paseo, un regalo, un juego con amigos, un postre, una golosina, en fin, todo o casi todo pareciera ser motivo de ilusión  y está bien que así sea.

También es cierto que a medida que pasa el tiempo,  no nos ilusionamos tan fácil ni con tantas cosas. El tiempo transcurre y con él llegan, no sólo las cosas lindas, sino también las dificultades. Pareciera como que la capacidad de soñar, de hacerse ilusiones va menguando.

¿Qué nos pasa con las ilusiones, con los sueños? Me pregunto porqué parecen tan difíciles de alcanzar. Imagino que cuando nos hacemos grandes, sin darnos cuenta, es como si colocáramos las ilusiones y los sueños en estanterías muy altas, a las cuales no se accede fácilmente, como si fueran productos muy frágiles, y por eso no los podemos dejar a la mano de cualquiera, ni siquiera de nosotros mismos.

Queremos cosas “grandes”, de esas que no se logran con facilidad. Perdemos la noción de que hay infinitas ilusiones pequeñas y posibles al alcance de nuestra mano, y que surgen a cada ratito, me atrevo a agregar.

Al adulto le cuesta hacerse ilusiones y sin embargo, es tan hermoso… No hace falta ilusionarnos con cosas caras, importantes en apariencia. Si pudiéramos entender lo bien que nos haría tener pequeñas ilusiones a lo largo del día, cosas que, a primera vista, no parecen grandes y sin embargo lo son. Encontrarnos con un amigo, jugar con nuestros hijos, hacer algo por alguien, tantas cosas que podemos proponernos cuando el día comienza y que, a medida que las vayamos logrando, nos harán sentir bien.

De corazón creo que el secreto es saber que no está mal ilusionarse con cosas “grandes” (como una mudanza, un auto nuevo, cosas de la adultez ¿no?); pero mejor sería hacerlo también y más seguido con las pequeñas y cotidianas, disfrutarlas, acariciarlas, hacerlas realidad.

Pues, si la capacidad de soñar e ilusionarnos la reducimos sólo  a cosas materiales y de valor considerable, al ser difíciles de alcanzar, vendrá la decepción.

Qué bueno sería que pudiésemos bajar de esa estantería alta, al menos una ilusión por día; un sueño, por pequeño que sea; algo que nos deje ese sabor dulce en el alma. Si lográsemos hacer eso, veríamos que aquella estantería con ilusiones y sueños de difícil acceso, se va vaciando. Y llegará el día en que nos daremos cuenta de que esos mismos sueños están allí, bien al ladito, tocándonos el hombro.

Por eso creo que sería muy bueno aprender del niño que fuimos. ¿Les digo algo? En mi opinión, ese niñito jamás nos abandonó. Créame, está escondido en algún rincón de nuestro corazón y si lo rescatamos, aprenderemos a bajar las ilusiones y los sueños a un plano más accesible y real. Y la vida será algo más digno de vivir.

“Coloca dentro de mi un sueño sencillo, una ilusión posible”.

AUTOR:   LIANA CASTELLO ( argentina )



avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por ana maria el Miér 21 Mayo 2014, 02:45

]NI  SI , NI NO; NI BLANCO NI NEGRO

Este es un viejo juego, simple en apariencia, y cuya intención es ver cuál de los jugadores se equivoca primero, o más. Si lo pensamos bien, se parece a la vida misma.

Tanto en la vida, como en el juego, podemos equivocarnos, acertar, tomar atajos que no nos convienen, decisiones que nos favorecen; hay infinidad de alternativas.

Ni si, ni no, ni blanco, ni negro.

Las cosas no son sólo blancas o negras; a mi entender, no todo es un sí rotundo o un no contundente. Hay un sinfín de matices grises que no siempre son fáciles de entender o incluso de aceptar.

Para muchos pareciera que las cosas tienen sólo dos extremos: lo blanco o lo negro, lo bueno o lo malo, etc.

En primera instancia, no debería haber otra alternativa que estos dos extremos. Si lo pensamos bien, no se puede ser un poco honesto y a la vez otro poco deshonesto; mitad bueno; mitad malo; tener fe o no tenerla. Es cierto, para algunos cosos los extremos funcionan, mientras que para otros no.

Sin embargo, la vida no es sencilla para nadie y en muchas oportunidades uno no hace lo que quiere, sino lo que puede. Es aquí donde empezamos a encontrar los grises.

Uno intenta ser feliz, y aunque llegue a un estado semejante, es difícil encontrar la felicidad en su plenitud; uno intenta ser bueno, pero, ¿se logra ser realmente bueno en todo el inmenso significado de la palabra?, ¿ser totalmente noble? ¿Definitivamente íntegro? Difícil, ¿verdad?

Del mismo modo, resulta arduo para algunos aceptar estos matices de grises que la vida nos ofrece, los “ni” o los “so”, podríamos decir.

Uno quisiera ser realmente bueno, descaradamente feliz, intachablemente honesto, pero no siempre es posible y real. Teniendo en cuenta estas limitaciones innatas, a pesar de nuestra voluntad, es bueno aceptar algunas de las alternativas de grises en la que nos terminamos instalando.

No estoy haciendo apología de la mediocridad, sino más bien  estoy tratando de que nos entendamos un poco más, que seamos más piadosos con nosotros mismos.

Creo, sin dudas, que en materia de objetivos sí debemos buscar los extremos, desear con toda el alma ser buenos, proponernos ser honestos siempre, en todo momento, lugar y circunstancias; amar sin límites ni egoísmos; darnos sin medidas, entregarnos por completo, o sea, apuntar lo blanco, aunque parezca un juego de palabras.

Respecto a lo negro, deberíamos tratar de alejarnos de él. Con la misma fuerza, no dejar que el egoísmo nos gane, que el desamor se apodere de nosotros, que la bajeza nos quede cómoda.

Y aquí, en estas dos puntas, entre las cuales lucha el ser humano, estamos todos, con nuestros grises a cuestas, porque será muy difícil llegar al blanco absoluto, y será complicado alejarnos por completo de lo negro que nos rodea. En este tire y afloje está nuestra vida, tratando de buscar lo mejor, pero no siempre encontrándolo; intentando ser más buenos, pero no siempre teniendo éxito; amando, pero tal vez con alguna pizca de egoísmo. Blanco salpicado de negro y negro salpicado de blanco.

No son malos los grises si sabemos verlos como un camino necesario que nos aparta de lo negro y no ayude a llegar a lo blanco.      

Por otro lado, el gris no es ni más ni menos que el equilibrio entre lo blanco y lo negro.

Un camino de trabajo, de sueños, seguramente con tropiezos, pero un camino digno de ser transitado y sobre todo con un objetivo muy claro.

Si nuestra alma busca llegar a lo blanco, por muchos matices que haya, no serán malos los grises. Será cuestión de saber verlos con cariño, con respeto por lo que somos y sobre todo, por lo que intentamos ser.



avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 42903
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : Ciudad de Buenos Aires Capital Federal- Argentina
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Re: reflexiones de Liana Castello

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.