SIEMPRE LIBRE EL CASTILLO DE LOS GLITTERS Y GIFS ANIMADOS
¡¡¡¡¡¡Bienvenid@s a nuestro castillo!!!!!!
Para poder ver todo el contenido del foro deberás registrarte y presentarte en la sala capitular.
Entra y participa!! te estamos esperando para junt@s pasar un agradable momento.

Las imágenes y materiales expuestos en el foro son de la red. Si por alguna razón alguna no cumpliera las normas o no debería estar aquí, por favor avísenme para darle el crédito o retirarla si el caso lo requiere, Gracias.



TRADUCTOR
English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

Abril 2017
LunMarMiérJueVieSábDom
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Calendario Calendario

Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Últimos temas
» Vocación
Sáb 15 Abr 2017, 09:09 por Selina

» Superioridad
Sáb 15 Abr 2017, 09:08 por Selina

» Si yo fuera
Sáb 15 Abr 2017, 09:07 por Selina

» Nubes y olas
Sáb 15 Abr 2017, 09:06 por Selina

» Mi canción
Sáb 15 Abr 2017, 09:05 por Selina

» Mediodía
Sáb 15 Abr 2017, 09:03 por Selina

» Mala fama
Sáb 15 Abr 2017, 09:02 por Selina

» Los primeros jazmines
Sáb 15 Abr 2017, 09:01 por Selina

» Los barcos de papel
Sáb 15 Abr 2017, 09:00 por Selina

» Las razones del niño
Sáb 15 Abr 2017, 08:59 por Selina



El Viaje

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El Viaje

Mensaje por ana maria el Sáb 31 Mayo 2014, 02:38



El Viaje


Ese día no me había levantado bien. Ya desde la mañana tenía un malestar difícil de precisar; calor y una presión desagradable en el pecho que preocupaba.
       
La sensación de calor era lógica, el día se perfilaba como otro agobiante de un verano que no había dado tregua. Pero la presión en el pecho… ¿Angustia, tal vez? Es posible, las cosas no andaban nada bien. De todos modos, y con mi humanidad a cuestas, fui al trabajo.

       
Me resultó difícil transcurrir el día, pero, por suerte, todo termina, hasta los días en apariencia interminables.

       
Tomé el subte, y, como siempre, estaba lleno. Apenas entré, me sentí peor, comencé a sudar frío y me costaba respirar. Quería pedir un asiento, pero, francamente, no me animé. Las personas suelen estar muy ocupadas cuando viajan, como para prestar atención a otra persona, aunque esta tenga mala cara.
       
Traté de distraerme para no pensar en lo mal que me sentía y me dediqué a mirar a los pasajeros, sus gestos, sus rostros, sus actitudes; muchos dormían o hacían que dormían. Era evidente el cansancio, esos ojos que no terminaban de cerrarse, en las manos aferradas a los libros, bolsas o lo que sea que llevaban.
       
Empecé a sentirme todavía peor, ya casi no podía respirar. Ahora sí me animaba a pedir un asiento; quise hacerlo y no pude. Las palabras pugnaban por salir, pero ganó el silencio.
       
De repente, la luz se apagó, y el subte se detuvo. No podía creer mi mala suerte. No podía hablar, tampoco pedir ayuda, me costaba respirar. Y el corte de luz. No, no podía creerlo. Sin duda, ese era uno de mis peores días.
       
Todo quedó muy oscuro, se tiñó de un negro tan profundo que asustaba. Podía escuchar y sentir que la gente a mi alrededor estaba intranquila.
       
De pronto, con la misma rapidez con que se había esfumado, volvió la luz. Por un instante, sólo por un instante, sentí un gran alivio.
       
Cuando pude acomodar mis ojos, que se habían acostumbrado a la oscuridad con una celeridad asombrosa, quedé desconcertado.
       
Las personas que habían compartido conmigo el viaje hasta ese momento no eran las mismas. Sus caras habían cambiado. Pensé que era mi estado el que me hacía ver cosas que no eran tales. Quise preguntar, pero mi voz seguía apagada, ella no había vuelto junto con la luz.
       
Miré a los que leían el diario y ahí sí que fue grande mi estupor. No eran diarios actuales, eran diarios del día de mi nacimiento. ¿Por qué de esa fecha? ¿Por qué ya no leían diarios de hoy? ¿Cuándo los habían cambiado?
       
Observé, entonces, a las personas que conversaban, tampoco sus rostros eran los mismos; esta vez sus conversaciones sí me resultaban interesantes. ¡Cómo no iban a hacerlo si, por loco que pareciera, hablaban de mí! Hablaban del endeble y dudoso presente en el que me encontraba y el poco promisorio futuro que me esperaba. El rostro de estas personas me sonaba familiar. ¿Quiénes eran y por qué era yo el motivo de su conversación? Aunque atiné a preguntarles, daba la impresión de que mi voz se había ido para siempre.
       
¿Cómo entender lo que estaba pasando? ¿Cómo convertir en lógico algo por demás descabellado?
       
Decían que yo había desperdiciado mi vida, que no había sabido ser feliz. Que había archivado los dones que Dios me había concedido al nacer y que había vivido “media vida”.
       
Todo lo que escuché me dolió mucho más que la opresión en el pecho. Me puse a pensar en qué se había convertido mi vida, esa que tenía justo antes de entrar al subte.
       
Traté de hacer un viaje retrospectivo para descubrir, por decirlo de alguna manera, en qué estación había empezado a flaquear la fuerza de mi motor interior.
       
Sentía que quería salir de esa situación. No sólo la de sentirme mal en ese preciso momento, sino la de salir del pantano en el que me había instalado.
     
Recién allí me di cuenta de que el subte había comenzado a moverse, no había reparado en que estábamos detenidos; sí  advertí que yo había estado detenido mucho tiempo.
       
Cuando el subte retomó su viaje, todo cobró movimiento alrededor. Estaba mareado, seguía sudando, y la gente conocida se iba desdibujando ante mis ojos. Los diarios no tenían una fecha clara, todo seguía siendo más que extraño. Sin embargo, la opresión comenzó a mermar, una bocanada de aire me despertó, diría yo, me volvió a la vida.
       
Cuando pude orientarme y sentirme más firme y seguro, noté que yacía en el piso. Los pasajeros, cuyas caras volvieron a ser desconocidas, se encontraban a cierta distancia, nerviosos, asustados. Alguien vestido de blanco me sujetaba la mano.
       
Así me enteré de que me había desmayado, de que mi pulso había detenido por un momento su marcha, que parecía que mi corazón ya no tenía ganas de latir mi vida. El subte jamás había quedado a oscuras, mi vida se había apagado por un instante.
           
Todos estaban felices porque “había vuelto”, esa era la expresión que usaban.  En medio de la conmoción, me pregunté qué sentido tenía volver a un lugar en el cual no había sido feliz. Ese lugar no era ni más ni menos que mi vida. ¿Tenía sentido retomar una vida que había desperdiciado, que, evidentemente, no había disfrutado? Ninguno.

¿Adónde había ido? ¿Qué viaje había hecho?

No sé si, luego de este “viaje”, volver era el verbo que yo hubiera usado. No quería volver donde supuestamente había estado todos estos años. Inmerso en una vida vivida a medias. Cuando uno vuelve, se entiende que el viaje ha terminado. Luego de esta experiencia breve, pero, por lejos, la más intensa que me tocó vivir, yo pretendía hacer un viaje nuevo, hacia una destino distinto.

No sé con exactitud en qué estación se detuvo mi máquina, lo que sí sé es que ese día sentí que esa era la primera estación de mi vida y que llegaría a un destino digno de ser vivido.


Última edición por ana maria el Sáb 31 Mayo 2014, 02:44, editado 1 vez
avatar
ana maria
✾-Duques/a

Zodiaco : Pez
Mensajes : 41043
Inscripción : 04/08/2013
Localización Localización : BUENOS AIRES- ARGENTINA
Humor Humor : GENIAL

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.