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La Hormiga Teresina

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La Hormiga Teresina

Mensaje por ana maria el Jue 25 Sep 2014, 02:15


La Hormiga Teresina
Malupa Fontaner Oper



La hormiga Teresina cansada de su peculiar modo de vida, un buen día se dijo a si misma: “¡basta ya! ¡Hasta aquí hemos llegado!” enérgica y decidida a terminar con sus penurias de súbdita.

Apenas ver la luz, o lo que es lo mismo, nada más nacer y sin mediar ni la más elemental noción de aprendizaje, movida solo por un instinto autómata, se puso a trabajar como el resto de sus numerosas hermanas, afanándose sin tregua, en recoger todo aquello que encontraba a su paso y se pudiera comer, para llenar, más aún, la ya atiborrar y nutrida despensa.

En ocasiones acarreaba algún alimento diez veces superior a su peso, sudorosa y exhausta, casi sin aliento llegaba al almacén, pero lejos de finalizar con esto su dura jornada, estaba obligada a continuar con la tediosa tarea de sopesar el valor de la mercancía y colocarla en el lugar correspondiente.
No todos los miembros del clan podían acceder a las exquisiteces reservadas para la reina y las altas jerarquías, las obreras, las que trabajaban, ¡pobres! tenían que conformarse con los alimentos de peor calidad, algo que unánimemente acataban sin rechistar.

Entre fardo y fardo, la pequeña pero ágil cabecita de Teresina, no dejaba de dar vueltas a un arriesgado plan que venía forjando desde noches atrás, con el único fin de dejar para siempre su monótona y rutinaria comunidad y vivir su propia vida a voluntad, a capricho, como cada hijo de vecino, -pensaba ella.

Fascinada y excitada con la idea de ver mundo y dirigir su propio destino, una mañana al comenzar la jornada, mientras todas las obreras se dirigían a sus quehaceres diarios, convencida de que nadie la echaría de menos y un poco entristecida por ello, siempre claro, que fuera cuidadosa en la huida, se lanzó a la aventura.

Cautelosamente se fue separando del grupo: primero muy despacio y después a toda velocidad hasta llegar a la carretera, tenía que cruzarla si quería alejarse lo suficiente y sin pararse a reflexionar más, se precipitó sobre el asfalto, pero apenas recorrido un escaso trecho el terror la petrificó, el pavimento no quemaba, abrasaba tanto, que a punto estuvo de achicharrarse viva, pero lo peor no tardó en llegar: enormes rápidos y estrepitosos vehículos pasaban sin tregua de allá para a acá y de acá para allá, y en medio de aquel desmedido caos que la tenía completamente ensordecida y paralizaba, aún podía oír dentro de su diminuto pecho, el galopar de su corazón, tic, tac, tic, tac… amenazando con lanzarla en volandas. “Pero es que nadie me ve, no se dan cuenta de que me pueden aplastar” –gritó desesperada.

- Ja, ja, ja… ¡Que ilusa! ¿Quién va a reparar en una insignificante hormiga? -le respondió una voz desconocida- corre y ven a refugiarte en esta abertura, aunque pequeña hay sitio para las dos.

Aprovechando un pequeño respiro en el tráfico, retrocedió Teresina hasta el lugar de donde procedía la generosa invitación y casi milagrosamente, llegó a la grieta sana y salva a pesar de que la distancia se podía medir en centímetros.

- ¡Gracias!, me has salvado la vida, ¿quién eres? -Pregunto atropelladamente Teresina tratando de recuperar el aliento.

- Mi nombre es Kasta, pero soy más conocida por la Vampi, por mi afición a las excursiones nocturnas, aunque nunca he pasado un día completo fuera de casa. Hoy, como ves me he lucido, osando salir de día, de las nefastas consecuencias puedes dar fe tu misma.

Así continuaron hablando durante muchas horas que se les hicieron eternas dadas las especiales circunstancias de riesgo, incomodidad, hambre y sobre todo el calor y la sed que les producía. No obstante, la charla fue muy provechosa para la ingenua prófuga, la Vampi le puso al corriente de muchas e interesantes cosas mundanas, nunca antes había intercambiado opiniones con sus hermanas, ocupadas siempre en trabajar.
Con la oscuridad, el tráfico fue decayendo paulatinamente hasta que según los cálculos de la experimentada Kasta ya se podía abandonar el refugio y volver al hogar.

Teresina decepcionada pero resignada se despidió de su amiga afectuosamente, no sin antes quedar para volver a verse y compartir correrías. Esta última decisión levantó el animó de la joven hormiga.

Cabizbaja y meditabunda, Teresina volvió al hormiguero incorporándose de inmediato a las tareas diarias, sin dejar de pensar con cierta rebeldía: “¡Que triste!

Hasta aquí mi aventura, no entiendo nada, o el mundo no es tan grande como aparenta o está muy mal diseñado cuando un ser tan diminuto, inofensivo y un poco inconformista (por qué no decirlo) como yo, no puede salir de su reducido círculo sin correr el riesgo de morir en el intento”.



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ana maria
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